Cómo apoyar a tu hijo en la primaria sin volverla a cursar como padres

27 de junio de 2017 / Por MariCarmen Vadillo

Los años de primaria, usualmente arrancan con una gran expectativa hacia nuestros hijos, sentimos que ya no son bebes, que ahora tienen responsabilidades más fuertes, como las tareas, exámenes, etc.

Nuestras preocupaciones como padres derivadas de nuestra historia como alumnos.

También como padres, nos preocupamos de que logren cumplir de la mejor manera;  muchas veces estamos ansiosos por que sus trabajos y tareas se destaquen dentro del grupo y es que cuando nosotros cursamos la primaria, muy probablemente vivimos el famoso “cuadro de honor”, “el mejor trabajo”, “el más limpio y ordenado”, en fin, toda una serie de clasificaciones y valores que los docentes otorgaban a los alumnos, volviéndose esta estrategia la principal manera a través de la cual podríamos saber si éramos buenos estudiantes y por ende si íbamos a poder aspirar a un buen futuro.

Los retos que surgen del mundo actual.

El día de hoy ha surgido toda una corriente dentro de las tendencias pedagógicas que hablan de ya no utilizar tareas,  incluso eliminar las “materias” como tal, a nivel curricular, con la finalidad de que los docentes y alumnos puedan enfocarse en aprender a ser, vivir y pensar de manera activa y creativa, indistintamente de las estrategias desarrolladas para este fin.

En México aun nos encontramos con cierta distancia frente a esta posibilidad, nuestro movimiento a nivel curricular nacional, lo que ha hecho es enfatizar el desarrollo de competencias de vida, a través de las diferentes materias curriculares.  Las tareas en general, siguen siendo una vía recurrente, sea para introducir temas o para reforzar lo ya visto en clase.  El movimiento más claro es que muchas de las tareas ahora se viven como proyectos de investigación o desarrollo de ciertos objetos. 

Con el internet, ahora los alumnos se enfrentan a una diversidad grande de información, puntos de vista y versiones de una misma historia; requieren poder elegir y analizar la información para lograr una mejor abstracción y una distinción entre enfoques y tendencias; este análisis solo es posible cuando el alumno se siente comprometido e interesado por el trabajo.

10 elementos que nos pueden orientar en el proceso de apoyar a nuestro hijo durante la primaria.

Entonces, ¿cómo ayudamos a nuestro hijo a sentirse comprometido e interesado por sus estudios?, ¿cómo logramos evitar la tentación de ayudarlos al punto en donde terminamos apropiándonos de su trabajo y por ende, restringiendo su oportunidad de aprender?, ¿cómo podemos ofrecer nuestra experiencia en los temas, sin presionarlos o compararlos con nosotros mismos?

  1. Estrategias de planeación y calendarización. Un elemento central para que nuestro hijo pueda sentirse en control de la situación y pueda organizarse de manera efectiva, es ofrecerle herramientas que le permitan ir visualizando sus responsabilidades en tiempo y fechas; por ejemplo colocar un planeador mensual en su cuarto, o junto a su escritorio en donde pueda marcar los días que tiene que entregar sus tareas y trabajos importantes, las fiestas o compromisos familiares, etc.  Esta visualización global de los pendientes, puede ayudarlo a reconocer cuándo necesita comenzar a trabajar para poder lograr cumplir con sus metas.

También el uso de una agenda y el horario de sus actividades semanales, no solo las escolares, sino las extra-escolares. Estos elementos requieren cierto nivel de comprensión, por lo que es importante que durante el primer mes, acompañemos a nuestro hijo en el uso de los mismos.

El secreto está en invitarlo a usarlos de manera cotidiana como un referente para anticiparse, pues esto les dará mucha seguridad en su organización diaria.

  1. Estrategias de búsqueda. ¿Dónde y cómo buscar? Acompañar a nuestros hijos en elImagen 1.pngreconocimiento de las diferentes fuentes a las que tiene acceso: libros, internet, revistas, etc.  es un primer paso que da pie al siguiente dilema, ¿cómo buscar?  Frente a esta gran pregunta que puede resultar amenazante, es importante ayudarlos a crear un sistema de pasos que le permitan crear una estrategia, por ejemplo: primero definimos qué queremos saber sobre el tema, después buscamos en el índice del texto sobre el mismo, podemos en caso necesario ubicar una fecha, o hacer una lista de palabras claves para poder reconocerlas en la lectura.
  1. Análisis de información. ¿Cómo podemos saber qué es lo que pensamos sobre algo que hemos leído?  Esta habilidad se desarrolla a través de muchos momentos de la vida cotidiana, por ejemplo: cuando le preguntamos a nuestro hijo como se siente, cuando vamos al cine y le preguntamos qué le pareció la película, qué parte le pareció más emocionante, qué hubiera hecho distinto al protagonista, etc.  Si en la vida cotidiana, invitamos a nuestros hijos a compartir sus puntos de vista, a crear historias alternativas, inventar un sándwich nuevo con ciertos ingredientes, desarrollar estrategias nuevas para ganar en su juego de mesa favorito, entre otros,  estamos apoyando el desarrollo de esta habilidad; pues invitamos a nuestros hijos a re-pensar en lo que están viviendo, escuchando u observando.
  1. Propiciar conversaciones interesantes, pero casuales. Este punto está muy relacionado con el anterior.  Encontrar momentos en casa en donde podemos platicar, por ejemplo durante la comida, mientras jugamos, después del cine, en fin, mantener siempre el canal de comunicación abierto, pero invitando al análisis, la reflexión y a compartir no solo puntos de vista, sino también cómo nos sentimos y qué podemos hacer frente a ese sentimiento.
  1. Respetar su punto de vista. Muchas veces nos apresuramos en el proceso de entender a nuestro hijo, por ejemplo, si no quiere comer, asumimos que seguro no le gusta la comida o que está tratando de chantajearnos… tendemos a reaccionar en base a estas hipótesis y por ende, muchas veces se nos olvida preguntar: ¿porqué?, ¿Qué necesitas?, ¿qué piensas?, etc.  Cuando recordamos preguntarles, nuestros hijos nos brindarán información que nos ayude a tener mayor claridad de la razón por la cual está comportándose (o tomando esa decisión) de esa manera,  esto nos ayudará a tener una interacción más asertiva pues podremos responder al tema central. 

Siguiendo con el ejemplo: Sofía al llegar a casa dice que no tiene hambre y que va a subir a su cuarto, su mamá se preocupa porque no vaya a comer y le dice: “no puedes subir hasta que no hayas comido al menos la mitad de tu plato”, Sofía se enoja y corre a su cuarto y se encierra, la mamá más tarde va y le dice que por su comportamiento, estará castigada, no podrá ver la tv antes de dormir.

Ahora, si en esta misma historia, la mamá de Sofía pregunta: ¿Sofía hay alguna razón por la que no quieras comer? o ¿Cómo es que no tienes hambre?... En ese momento se hubiera abierto la posibilidad de que Sofía le explicara a su mamá que habían tenido un convivio en la escuela y estaba llena; entonces como padres ¿cómo cambiaría nuestra interacción después de contar con esta información?

  1. Reconocimiento de habilidades y fortalezas.  Frente a la expectativa que se crea frente a la primaria, muchas veces nuestros hijos pueden sentirse presionados o preocupados; por lo que resulta fundamental ayudarlos a reconocer cuáles son sus habilidades, es decir, en qué son buenísimos, cómo su manera de ser puede ayudarlos a atravesar de manera amable y eficiente durante esta etapa.    Por ejemplo: “Disfruto mucho las historias que creas cuando dibujas tus cuentos”, esta habilidad anima al niño a querer seguir escribiendo, aunque no le salga perfecto al principio, pues sienten que sus historias son reconocidas y tienen un valor.   Es importante recordar, que así como ayudamos a que nuestros hijos reconozcan sus errores o las cosas que pueden mejorar, también necesitan saber qué están haciendo bien.
  1. Conectar los aprendizajes con su utilidad en la vida cotidiana, ¿para qué nos sirve esto? Este es un reto interesante para nosotros, pues requiere ser curiosos y creativos para reconocer en qué situaciones nuestros hijos pueden poner en práctica lo que están aprendiendo; por ejemplo: “¿Me puedes ayudar a hacer la lista de súper?”, De visita en Uxmal, “¿Recuerdas como representaban al dios Chaac?, ¿porqué tenía esa forma de trompa?”, “Vamos a medir la pared para saber de qué tamañoDSC03131.jpg tenemos que cortar el papel para que puedas pintar tu mural”.
  1. Visitar lugares o hacer actividades que permitan ampliar los puntos de vista.momentos en donde podamos salir de la rutina, experiencias que resulten nuevas, no solo para nuestros hijos, sino también para nosotros nos permite compartir la emoción de vivir algo por primera vez, de crear juntos las estrategias para poder ser exitosos en esa experiencia, descubrir habilidades nuevas, no solo personales, sino también familiares; son momentos que nos permite tener en claro cómo vamos creciendo y transformándonos todo el tiempo. Por ejemplo: hacer una expedición a una gruta, visitar un país por primera vez, tomar una clase juntos, etc. 
  1. Compartir información relevante. Podemos elegir qué de lo que hemos vivido podría resultar interesante o útil para nuestros hijos; la clave está en saber ofrecer esas anécdotas como experiencias en las que también aprendieron, para evitar, que los niños interpreten que están siendo comparados con ustedes.  Por ejemplo: “Cuando yo tuve que aprenderme la tabla de multiplicar del 8, la escribí en grande y la pegué en una pared de mi cuarto, en donde aunque estuviera viendo tv, siempre la tenía de frente.  Con los días, fui recordando más fácil las respuestas y después, cuando me tocó usar la tabla en un examen, solo cerré mis ojos y vi el papel en mi cuarto, de esa forma pude recordar mejor, ¿crees que algo así te podría ayudar en este momento?”
  1. Permitir el fracaso. Finalmente, dar lugar al error, a las decisiones que al final no resultan tan buenas, ayuda a que podamos aprender y sobre todo desarrollemos nuestra tolerancia frente a la frustración. Si bien, es bueno siempre alentar  y desear lo mejor para nuestros hijos, es igual de importante reconocer los fracasos como oportunidades para re-pesar lo que hicimos o vivimos y de esa manera poder evitar que pase de nuevo, pues tendremos nuevas estrategias.  Este tipo de conversaciones terminan siendo mucho más valiosas y trascendentes, que sólo recurrir al castigo o la consecuencia. Por ejemplo: cuando nuestro hijo está tratando de resolver un problema matemático de división, podemos sentir la enorme tentación de darle una explicación, que lo ayude a saber la respuesta, pero si no permitimos que pase un tiempo tratando de diseñar una estrategia propia, pues estaremos cortando su capacidad y también corremos el riesgo de que aprenda que si “espera lo suficiente” alguien más va a resolverlo por él; muchas veces resulta más útil proponerle, que si no ha podido resolverlo, que lo deje hasta donde llegó y que al día siguiente se acerque a la maestra para pedir apoyo, pues así él sigue siendo el protagonista de su aprendizaje.

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MariCarmen Vadillo

Escrito por MariCarmen Vadillo